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Cine y salud
Tenemos un nuevo sistema de salud en marcha, muy ambicioso, similar a otros que han dado muy buenos resultados. Es bueno conocer virtudes y debilidades para saber que esperar de 茅l
Sin entrar el en terreno de la crítica cinematográfica, hoy les recomiendo Sicko, la última (aunque no nueva) película de Michael Moore. Un cineasta del que no soy particularmente seguidor pero que tampoco me desagrada mucho. Sus películas se dejan ver, siempre que uno sepa de antemano que, como buen idealista y radical, va a mostrar lo malo de lo que critica y lo bueno de lo que alaba. Cero objetividad y sentido de la autocrítica. La película trata sobre el sistema de salud de Estados Unidos (al cual critica duramente) y lo contrapone con los sistemas de salud de Inglaterra, Francia y Cuba a los cuales alaba incondicionalmente. Me pareció bastante interesante poner a nuestro nuevo sistema de salud en medio de esa comparación, para saber dónde estamos y a dónde queremos llegar. No voy a hablar sobre el sistema de salud de Estados Unidos porque afortunadamente estamos muy lejos de eso y sería impensable siquiera intentar algo similar en nuestro país. Para el que no tenga ni idea, solo una breve y muy somera descripción, el sistema de salud es un sistema de seguros, tal como los que acá se utilizan para los automóviles, es decir que uno paga para cuando lo vaya a necesitar; el día que lo necesita, como buen seguro, buscará absolutamente todo lo posible para no pagar un peso y que el pobre enfermo reviente. Todos los casos nefastos son los que Moore muestra en su película y evidentemente omite todos aquellos casos en que los seguros dan resultado. Pero muy lejos estamos de eso, por lo que vamos a centrarnos en los sistemas de salud de carácter social, tales como los de los países mencionados anteriormente. Estos países tienen sistemas de salud de alcance nacional y de carácter social, es decir en el que todos pagan por la salud de todos. La película los ejemplifica muy bien a través de varios casos de personas que van a atenderse y no pagan un solo peso por su atención o sus remedios, e incluso, en el caso de Inglaterra, se le reembolsa en efectivo el dinero para el transporte a aquellas personas que no pueden hacer frente a dicho gasto. Evidentemente, otra vez desaparece la parcialidad, así como cualquier rastro de crítica o caso en el que el sistema falla. Como todo sistema, tiene sus cosas positivas y sus cosas negativas, aunque creo que éste tipo de sistema es por lejos superior a un sistema de seguros médicos, en los cuales se lucra fuertemente con la salud de las personas. ¿Qué debemos esperar del sistema de salud de nuestro país? ¿Qué podemos aprender de los sistemas similares al nuestro? ¿Estamos haciendo todo bien o hay cosas por corregir? Tal como lo dije en el párrafo previo, todo sistema tiene sus cosas positivas y sus cosas negativas, por lo que es claro que siempre tendremos algo por corregir y siempre tendremos cosas positivas en el sistema. Lo importante es poder reconocer los problemas y las virtudes para poder solucionar los primeros y tener una medida del éxito con las segundas. En nuestro país, al igual que en la película de Moore, solo se mira lo que se quiere ver, solo se habla de los casos de éxito y se hace la vista gorda con todo lo demás. El primer gran acierto y problema del sistema de salud es su alcance, el mismo alcanza a toda la población, niños, trabajadores, desempleados, jubilados, etc, tienen acceso a la salud. Eso se ha destacado incontables veces y es sin lugar a dudas uno de los puntos más fuertes del actual sistema y nos pone a la altura de los grandes sistemas sociales de salud. Sin embargo, para nuestro país eso es un problema. De un plumazo, gracias a una firma en un papel, muchísima gente fue incorporada al sistema de salud, sin adecuarse en lo más mínimo a los servicios que ya estaban saturados, faltos de personal y de recursos. Entonces ¿en qué condiciones y con que recursos se van a atender a todos los nuevos pacientes? Más allá de todo lo que pueda preverse en los papeles, la puesta en práctica de cualquier cambio estructural en la asignación de recursos económicos y en las compras estatales para el proveimiento de recursos materiales llevará mucho más tiempo del que un enfermo puede esperar. Existe sin embargo una gran diferencia en cuanto al acceso a los servicios de salud, a diferencia de los países en los que el sistema verdaderamente funciona, Uruguay sigue teniendo un sistema en el que hay una salud para el que paga y otra para el que no paga, lo cual lo hace un sistema doblemente injusto. Por un lado es sumamente injusto con quien no tiene medios para pagar, ya que recibe una atención muy inferior a la que debería y a su vez, es sumamente injusto con los que pagan, ya que pagan impuestos para que todos tengan un buen nivel de atención, lo que no ocurre, y además deben pagar cuando se enferman para poder tener el cuidado debido. En los países en los que el sistema verdaderamente funciona, los trabajadores hacen aportes proporcionalmente a sus ingresos y con eso, todos, quienes aportan y quienes no, tienen asistencia gratuita de buen nivel. Acá, aquellos que hacen sus aportes, deben pagar adicionalmente si quieren tener un buen nivel de asistencia, deben pagar por sus remedios y deben pagar por sus estudios y análisis. Todo esto se hace sobre un sistema que económicamente se encuentra en un inestable equilibrio y que ha entrado en un minucioso estudio de factibilidad económica que lo asemeja más al sistema de seguros, en el que todo se mira desde un punto de vista económico, que a los sistemas de carácter social. Gracias a todo esto, que no es un problema nuevo, sino a un viejo problema que el nuevo sistema no resuelve, la medicina preventiva es un ser extinto en nuestro sistema asistencial. Ningún médico manda un estudio para ver si hay una afección, hacer un estudio es el último recurso para cuando todos los intentos de medicamentos potencialmente efectivos fracasaron. Tenemos un sistema exiguo, que como buen hijo del subdesarrollo quiere ser, pero no le alcanza. Aún nos queda mucho por aprender y seguir trabajando. ¿Podremos alcanzar un sistema económicamente sustentable a largo plazo y que verdaderamente funcione? Es difícil, y hasta poco probable. No es una cuestión de escepticismo o negatividad, sino de observación. Desde un punto de vista autocrítico, a nuestra sociedad le falta mucho para alcanzar un sistema verdaderamente justo, ya que para eso hay que pensar en el bien común, en el esfuerzo común y no en uno mismo. Será muy difícil para nuestra sociedad llegar a un sistema de verdadera justicia, mientras cada persona esté buscando la forma de sacar un provecho propio al sistema, cualquiera que sea este. En esta sociedad pocos creen en el esfuerzo para alcanzar lo deseado, sino que se conforman con una mediocre igualdad obtenida como resultado de sacarle al que se esfuerza para que le den a él. Ese pobre pensamiento nos rige hoy en día y nos impide progresar; ¡sáquenle a ese rico para darme a mi! Pocos son los que piden medios para alcanzar por sí mismos sus metas. Sobre el final de la película, la Dra. Aleida Guevara (hija de Ernesto "che" Guevara, militante del Partido Comunista de Cuba) reflexiona sobre el concepto que hay detrás del sistema de salud y dice: "Un país mientras más produce, mientras más riquezas tiene, puede cuidar mejor a su gente". Deberíamos escuchar más el pensamiento de aquellos de los que batimos banderas y aprehender de su pensamiento. De una vez por todas debemos poner énfasis en producir más, en generar más riquezas y abandonar esa absurda ficción de repartir mejor, que nos llevará a todos a ser igualmente pobres y con un sistema de salud mediocre y decadente.
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