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Irpf, Snis, contribución inmobiliaria, patente de rodados, muchos impuestos y muchos servicios asistenciales para pagar, pero nadie quiere que le toquen el bolsillo
Cuatro hechos bastante recientes me hicieron reflexionar un poco sobre un tema que ya habíamos tratado en el artículo Definiciones a la uruguaya, los funcionarios públicos que no quieren pagar irpf, los funcionarios públicos que no quieren aportar al snis, los montevideanos que se quejan de los nuevos valores de la contribución inmobiliaria y la guerra de las patentes. La solidaridad, la cual para éste gobierno que actualmente tenemos está sumamente ligada al pago de impuestos. Básicamente, si Ud trabaja, paga irpf para poder dar prestaciones sociales a quienes no lo hacen; si Ud trabaja, aporta al snis así Ud tienen cobertura médica y también aquellos que no trabajan; si Ud tiene una propiedad, paga contribución inmobiliaria, así la intendencia puede prestar servicios a Ud y al que no tiene casa y lo mismo ocurre con su auto y su patente de rodados. De lejos, parece algo bastante razonable y de hecho lo es.
El problema de este sistema solidario es el mismo que el de cualquier otro sistema del tipo que se les ocurra, las personas lo corrompen y desvirtúan. El gobierno nacional y muchos gobiernos departamentales creen que la extensión de los sistemas solidarios es algo positivo y se jactan de ello, como si estuviesen haciendo una gran obra y demostrando una sensibilidad enternecedora ante los problemas de la gente. Tratan de convencer a todos de que estos sistemas están salvando al país, y a muchos sectores sociales tradicionalmente afines al gobierno, se les presenta el gran problema de como oponerse al sistema y no verse afectados por él, sin desmerecer y castigar al gobierno.
Y es claro que esto terminaría siendo así. Ganarse unos pesos con trabajo honrado cuesta mucho esfuerzo, sacrificio y renuncia a tiempos que se podrían dedicar a otras cosas, como la familia, el ejercicio físico o intelectual o el ocio. Es por eso, que para todos, sin importar a quien se vote, le indigna que le metan la mano en el bolsillo. El problema de fondo radica en quienes deben ser los beneficiarios de un sistema solidario y cuales son los beneficios que se deben otorgar. Este es un gran problema que el país enfrenta hoy en día y que lamentablemente está tomando un rumbo bastante errado. ¿Quiénes deben ser los beneficiarios de los servicios sociales? ¿Cuáles son las prestaciones que se deben otorgar?
Estas preguntas parecen bastante triviales, pero la realidad indica que son un poco engañosas. Cada día las prestaciones sociales se extienden a más y más personas, con la consecuente disminución de quienes pagan por ellas o con un empeoramiento de la calidad de dichas prestaciones. Por ejemplo, el Sistema Nacional Integrado de Salud incorporó al sistema a gran cantidad de personas. Eso tiene dos problemas, son pocos los que pagan la salud de muchos y por otro lado, con exactamente la misma infraestructura edilicia y humana que antes se pretende atender a miles de nuevos afiliados. ¿Cómo se logra esto? Si escuchamos los reclamos que los gremios de la salud han hecho referentes a la falta de personal, de infraestructura y de materiales ¿cómo hacen para atender a más pacientes? Evidentemente habrá una pérdida de calidad en dichos servicios ya que no todo puede ser resuelto con una mayor dedicación del personal. En definitiva, se le saca dinero a la gente y se empeora el servicio de salud. Eso no es solidaridad. ¿Cuál es la alternativa? Volcar la gente a la salud privada, hacer que la gente pueda pagarse los servicios de salud, para que el estado solamente tenga que atender a quienes realmente no pueden y no a quienes no hace nada por ellos mismos. Falta incentivar el esfuerzo, estamos entrando en la cultura del asistencialismo, tema que ya habíamos tratado en el artículo El costo de mis logros .
La salud es solo un ejemplo, pero con el irpf y los distintos programas asistenciales (plan de emergencia, plan de equidad, trabajo solidario, etc) pasa exactamente lo mismo. Cada vez hay más asistencialismo y menos inversión en trabajo, con la consecuente injusticia que eso conlleva. Justo sería que invirtieran los impuestos en crear fuentes de trabajo, en ayudar a nuevas empresas que generen trabajo, en disminuir impuestos a quienes contraten nuevo personal, en programas que incentiven la creación de empresas para lograr que haya nuevos puestos de trabajo, y así dejar de dar subsidios a quienes no hacen nada. Y no me vengan con que todos los que no trabajan es porque no hay trabajo, muchos no trabajan porque es más fácil que el estado pague los servicios de salud tuya y la de tus hijos, pague sus estudios, les regale una computadora, los alimente en comedores y además les pague.
Todos los impuestos son sistemáticamente mal utilizados, el gran gasto del estado es en asistencialismo, en burrocracia y en el pago de sueldos, que en definitiva es asistencialismo ya que el estado contrata para dar trabajo y no por necesidad de mano de obra. Ver este enorme desperdicio de dinero crea impotencia y realmente quitan las ganas de pagar cualquier impuesto y por eso todos los funcionarios públicos se quejan de lo que tienen que pagar y por eso tantos automovilistas deciden empadronar en donde es más barato. Los impuestos deberían usarse mejor, brindarse mejores servicios con el mismo dinero o terminar con el afán recaudador para financiar burrocracia, no solo se estará dignificando muchos más a los ciudadanos sino que la sociedad sería mucho más justa.
Algunas referencias sobre el incremento de afiliados al sistema de salud: